domingo, 6 de diciembre de 2009

Semilla de otro árbol


A menudo eres abanico que quita otro calor,
brazos de serpiente, carretera de dos carriles.

Y yo depresión sin vicodin, escalera a ninguna parte,
fábula sin moraleja, gasolina en el mar,
hielo derretido, inanición de soberbia.

Y tú como juego de azar clandestino
knokeando mis sueños de media tarde.

Me ves como luna al medio día,
me escuchas como música sin armonía
y te nutres de mis ojos que olvidan.
Y ¿cómo no? Si a menudo te orillas a mi cuerpo
abriendo las puertas de la catedral
ante la multitud arrodillada.

Y es que a menudo respiro de ti
y me siento como Rocinante por el camino correcto,
como sol del desierto.
Pero me vuelvo témpano de hielo
una vez que cruzas el espacio que divide
el Edén del Purgatorio.

Y yo me quedo uva humillada para un vino amargo,
y te recordaré como whisky en el hígado,
te escucharé como xilófono descompuesto,
como yerba venenosa, como zapatista mutilado
y es que a menudo serás
semilla de otro árbol.

4 comentarios:

El diavolo dijo...

Como unitud arroldillada me lleno de asombros con tus letras.

Prado dijo...

me gustó. se siente entre el vientre y el corazón. Saludos.

Espérame en Siberia dijo...

Pero qué triste es querer lo ajeno, my love.

Un abrazo muy fuerte por tantos meses de ausencia.

Muá.

Sol dijo...

Genial! Qué bella alegoría, qué imágenes alucinantes. Me encanta.